Sentimental
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Poemario electrónico — Sentimental
Eres
Eres fuego y luz a cada momento, eres calor y frío, lo presiento; eres la hoja que salta con la brisa, eres pasión cuando gana la prisa. Eres de cada verso su alimento, eres ilusión que anda junto al viento, eres rocío fresco en la mejilla de este afecto que ante ti se arrodilla. Eres noche sin fin si no te veo, eres el cosmos que poblar no puedo; eres la fogata que alumbra mi alma, eres la chica de apellido Palma. Eres una mujer bella y adorable, pero también eres tan indomable. De un halo de misterio estás bañada, por un fuego secreto arrebatada. Eres más que una disoluta humana, eres la luz que brilla en mi ventana; eres todo lo que quiero esbozar, eres la luna que me debe guiar. Eres musa, alegría y compañía, eres enojo, celos y agonía; eres lo sentimental de mi vida, ahora eres, sin duda, mi consentida.
Tierna y dulce eres
Qué felicidad respiro este día en un soplo de brisa matinal; el cantar de las aves me embelesa con su bella y perfecta melodía, cual si fuera un silvestre recital que fluye inagotable y nunca cesa. Tierna y dulce mañana de esperanza que las musas hicieron aflorar para ofrecerme la oportunidad de liquidar una muy antigua fianza, aquella que me hacía naufragar con el pecho abierto y alma en soledad. Mis ojos saben que eres la elegida, que me anudarás en tu corazón y tendrás para siempre en la memoria el momento en que nos juntó la vida, desbordando mi esencia de emoción en el altar eterno de la historia. Amé sin dudar tu inmensa pureza, me fascinó tu ser cuando te vi. Fuiste para mí una grata sorpresa que transforma mi vida con presteza desde el momento en que llegaste a mí, cubriendo mis noches con tu belleza.
Desde el día que te vi
Desde el día que te vi en mi ser algo sentí: un dulce lleno total y una dicha sin igual. Mis sentidos entendieron cuando mis ojos te vieron que eras educada y bella y la más pura doncella. Desde ese perfecto día me embriaga mucha alegría que no pretendo olvidar ni dejar de cultivar. Hermosa salvadoreña, eres de mi pecho dueña, a ti debo mi latir, mi raíz y mi existir.
Si pudiera
Si pudiera con mis versos tocar tu alma, si pudiera con mi voz sanar heridas, entenderías que, lo escrito en mi palma, son decenas de locuras divertidas. Si pudiera convertir la oscura noche en la mansa expresión de un fugaz reproche —aquel que no lesiona, mas da esperanza—: lo único que quiero es ganar tu confianza. Si pudieras ver el endeble recuerdo de aquello que me laceró y casi pierdo, para no manchar el halo en tu mirada ni asfixiar el tono de esa frase ansiada. Si pudiera ver lo que hay en tu corazón por lo cual no eres feliz un día entero; si supiera, te daría la razón de por qué me ves como amor pasajero. Si pudiera navegar hasta los cielos donde yace nuestro padre creador, indagaría de estos súbitos celos que causa la fuga de tu esquivo amor.
Jueves
Jueves por la madrugada: pienso en ti, tres quince, no sé sacarte de mi mente. Cierro los ojos, siento que estás aquí, sello en papel lo que no diré de frente. Por miedo al retroceso o quizá al rechazo, o al gélido soplo de la soledad, lo que yo más anhelo es un simple abrazo; no puedo más, confesaré la verdad. Cada vez que te veo quiero decir: «El tiempo contigo anhelo compartir, siento un afecto tan justo, tan maduro: es amor con el que vislumbro un futuro». Sin miedo perdería la libertad, encerrando en tus manos mi voluntad, mas es tiempo de romper las paradojas y poder darte el derecho de que escojas. No prometo andar en la luna descalzo, eso sería completamente falso, pero sí te prometo algo más que cierto: mi corazón para ti seguirá abierto.
Te encontraré
¡Oh, mi celestial princesa! Esta esperanza no cesa; busco tanto hablar contigo, decir: «Quédate conmigo». Porque desde que te vi tu estampa se clavó en mí; no existe poder humano que me suelte de tu mano. Al soñar con tu mejilla, me asalta la pesadilla; no sé si volveré a verte: ¡mi vida, quiero quererte! Quiero que seas mi dueña, mas ese temor se empeña; me tortura sin descanso, como un río nada manso. Ahora déjame decir: por ti yo quiero vivir, sé mi dulce compañía, en mi mente, fantasía. Te amaré sin retenerte, pues no deseo perderte; jamás buscaré oprimir aquello que has de sentir. ¡Oh, vida mía! yo te amo, en el silencio te aclamo; eres luz resplandeciente, te busco entre tanta gente. Y cuando por fin te encuentre y mi alma en la tuya centre, comprenderás, vida mía: tu ausencia es melancolía.
Nuestra historia
Cada orvallar de alegría con su fúlgido haz de estrellas guardan nuestra antología donde dejaste tus huellas. Es más que un hondo tormento, más que mil duros pesares; es un simple pensamiento que se eleva a los altares. La aurora despierta hermosa, promete ser un buen día; mas la noche silenciosa es tirana compañía. ¿Cómo respiro sin ti? ¿Cómo apago nuestras penas? Fuiste la luz para mí con tus caricias serenas. Inmortal es nuestra historia grabada en el corazón; no me miente la memoria: fue una bella relación. Hoy sueño un nuevo final donde volemos unidos; es noticia nacional, llegará a los conocidos.
Laberinto
Al caminar en el viaje de la vida sobrellevamos más de una que otra herida; siempre hay pesares que queremos borrar porque la razón nos exige sanar. Todo lo vivido queda en el pasado, el dolor muchas cosas ha arrebatado; aunque dicen que la vida son recuerdos, es muy funesto que queden solo acuerdos. No te obligaré a reformar tu destino ni a revivir el amor ya sepultado; decidiste seguir tu propio camino, en tus planes sobré y quedé desterrado. Persigues tus sueños, distante y callada, con una mezcla de avaricia y torpeza; quizá dejar nuestra historia malograda le robó a tu vida su antigua nobleza. Mientras trato de entender qué nos pasó, en qué instante el hastío nos rebasó, aunque busco, no encuentro nada de nada: lo que nos pasó fue que estabas cansada. Y yo aquí, dando vueltas en mi cabeza, intentando salir de este laberinto, me está consumiendo entre tanta tristeza; ese es tu don, dejar al amor extinto.
Tarde para los dos
Como un juego pueril ahora me resulta la manera hostil en que nos comportamos. Hoy siento que este amor al fin se sepulta al percibir cómo nos irrespetamos. Caímos donde caen muchas parejas: nuestro andar se llenó de frialdad y quejas. Perdimos la noción, la encontramos tarde; en este ocaso nuestro fuego ya no arde. Quizá quede algo que pueda ser hermoso; estando juntos lo haremos doloroso. Es una lección que no hay que repetir si acaso el amor nos vuelve a sonreír. Rutina: es el preludio de un rompimiento, es la muerte indudable de un sentimiento, fraude constante y treta del corazón, ceguera total para el alma y razón. Es por eso que todo será mejor cuando circulemos por otro camino, cuando tropecemos con perenne amor y le obsequiemos carta blanca al destino.