Momentos
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Poemario electrónico — Momentos
Regalo de la naturaleza
Qué bendición la que he recibido: estar en la orilla de este río. El viento arrastra una brisa helada que en mi cuerpo se queda grabada. El agua danzando en la corriente toca cada roca y la consiente; las muchachas en el vado están, al terminar de lavar, se van. Cánticos y árboles por doquier que no podría dejar de ver. ¿Qué más puedo pedirle a la vida? ¿Quizá hacer un verso a la medida? Momentos así lo valen todo. En esta escena yo me acomodo: la ciudad no tiene esta belleza de nuestra madre naturaleza.
El silencio
Qué silencio el que se respira por donde quiera que uno mira: no se escucha sonido alguno ni se ve de la llaga su humo. Que linda la tranquilidad que nos presta la soledad; es un arma de doble filo: solo es buena mientras escribo. Las musas surcan por doquier; aun así, tienes que saber: retornan huellas olvidadas que se daban por enterradas. De esta dosis consume poco o quedarás enjuto y loco.
Reseñas de tu vida
Sombras desdibujadas de historias sepultadas, lágrimas y tristeza morando en la cabeza. Una bandera en alto proclama tu verdad, cien batallas perdidas que han tolerado heridas. Ojos que se enamoran y que asimismo lloran, un invierno marchito en el cielo está escrito. Son reseñas de vida que la luna querida y el ponto con sus olas, jamás las dejan solas.
Mi sentir
Caminaré en el fuego, grabaré tu caricia, huiré de mi destino, me adaptaré a ser ciego, cesaré mi avaricia, encontraré el camino solo para que me ames y sigas a mi lado en un cielo divino, cual virtud me derrames con innegable tino que redima el pecado. Frenaré la arrogancia, miraré limpio el cielo con tu sutil fragancia, que me da gran desvelo al sentirme en tu vera. Con paz recién nacida y este nuevo sentir, vendrá la primavera para que en esta vida pueda al fin sonreír; por ti nace esta espera.
Amor en silencio
Al mirarte siento felicidad; la escarcha cede, huye la soledad. He procurado acercarme hasta ti; el miedo impide moverme de aquí. Quizá el tiempo no sea el indicado para tenerte por siempre a mi lado, pero cada segundo de mi vida busco incansable la ansiada salida y lograr reescribir nuestra historia forjándote una cálida memoria, pues en lo absurdo de este vasto mundo quedé esclavizado a ti en un segundo, el cual se convirtió en un embeleso que me resquebraja y por fin confieso: es un hermoso y vital sentimiento que va germinando en mi pensamiento.
Añoro verte
Si Dios nos vuelve a cruzar me volveré a enamorar; creo ciegamente en ti y te quise junto a mí. Cuánto debo de quererte, con afán añoro verte, pero lo impide el destino: tenemos otro camino. Todo tiene su motivo, por lo cual es positivo que ya no estés justo aquí: debe ser mejor así. No me olvides, te lo ruego. Fuiste más que un simple juego: se fue la melancolía, al ser tú mi poesía.
¿Cuál eres?
Cual peregrino sin rumbo fijo corro sin saber cómo me rijo; como el ciego que deja la sombra, este torpe corazón te nombra. Estás en la chica del pasillo, en la que crea un falso castillo, también en mi abandonada amiga y en mi mente, la cual me castiga. ¿Eres la utopía del ayer? ¿El destello de un atardecer? ¿Tal vez eres mi esquiva vecina? ¿O quizá me esperas en la esquina? ¿Cuál eres? ¿Por qué empiezo a soñar si mi libertad vas a apresar con la luz que me guía a tu ser, mas te encuentro y eres otra mujer? Qué tan difícil me harás la búsqueda: mientras más busco, menos me queda. Jamás te he podido descifrar, como agua te logras disipar. Hoy, como tenaz explorador reclamaré sin tregua tu amor, para tener un poco de calma y fundir en silencio nuestra alma.
Dolor
El dolor es como nuestra sombra: siempre nos sigue, jamás se aleja; en cada momento nos asombra y como un yugo, su marca deja. No importa dónde nos encontremos, ni la nobleza de nuestro nombre; solo reclama que le mostremos la fragilidad que ampara el hombre. Eso es nada más y nada menos que nuestra esencia, nuestro interior; y aunque ocultarlo a veces queremos, siempre demuestra que es superior. Desgarra sin piedad las entrañas y atraviesa nuestro corazón, nos muerde como hambrientas pirañas hasta que perdemos la razón.
Recuerdo de lo absurdo
Tú, tu recuerdo encajas cual feroz oleada de punzantes navajas que no es nada calmada. Conciencia despiadada, me inundas con neblina: quita esta marejada, se incrusta cual espina. Mis manos y mis huellas al fin se han fatigado; el corazón y mente no responden con nada. La amnesia que me estrellas hoy nos ha abandonado, pues surge de repente una fe desbordada. Es inversión a plazo lo que pasa este día: se está formando el lazo que nos hará utopía.