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Vidal Linares

@soyvidallinares

Momentos

M pe

Poemario electrónico — Momentos

Regalo de la naturaleza

Qué bendición la que he recibido:
estar en la orilla de este río.
El viento arrastra una brisa helada
que en mi cuerpo se queda grabada.
 
El agua danzando en la corriente
toca cada roca y la consiente;
las muchachas en el vado están,
al terminar de lavar, se van.
 
Cánticos y árboles por doquier
que no podría dejar de ver.
¿Qué más puedo pedirle a la vida?
¿Quizá hacer un verso a la medida?
 
Momentos así lo valen todo.
En esta escena yo me acomodo:
la ciudad no tiene esta belleza
de nuestra madre naturaleza.

El silencio

Qué silencio el que se respira
por donde quiera que uno mira:
no se escucha sonido alguno
ni se ve de la llaga su humo.
 
Que linda la tranquilidad
que nos presta la soledad;
es un arma de doble filo:
solo es buena mientras escribo.
 
Las musas surcan por doquier;
aun así, tienes que saber:
retornan huellas olvidadas
que se daban por enterradas.
 
De esta dosis consume poco
o quedarás enjuto y loco.

Reseñas de tu vida

Sombras desdibujadas
de historias sepultadas,
lágrimas y tristeza
morando en la cabeza.
 
Una bandera en alto
proclama tu verdad,
cien batallas perdidas
que han tolerado heridas.
 
Ojos que se enamoran
y que asimismo lloran,
un invierno marchito
en el cielo está escrito.
 
Son reseñas de vida
que la luna querida
y el ponto con sus olas,
jamás las dejan solas.

Mi sentir

Caminaré en el fuego,
grabaré tu caricia,
huiré de mi destino,
me adaptaré a ser ciego,
cesaré mi avaricia,
encontraré el camino
solo para que me ames
y sigas a mi lado
en un cielo divino,
cual virtud me derrames
con innegable tino
que redima el pecado.
 
Frenaré la arrogancia,
miraré limpio el cielo
con tu sutil fragancia,
que me da gran desvelo
al sentirme en tu vera.
Con paz recién nacida
y este nuevo sentir,
vendrá la primavera
para que en esta vida
pueda al fin sonreír;
por ti nace esta espera.

Amor en silencio

Al mirarte siento felicidad;
la escarcha cede, huye la soledad.
He procurado acercarme hasta ti;
el miedo impide moverme de aquí.
 
Quizá el tiempo no sea el indicado
para tenerte por siempre a mi lado,
pero cada segundo de mi vida
busco incansable la ansiada salida
 
y lograr reescribir nuestra historia
forjándote una cálida memoria,
pues en lo absurdo de este vasto mundo
quedé esclavizado a ti en un segundo,
 
el cual se convirtió en un embeleso
que me resquebraja y por fin confieso:
es un hermoso y vital sentimiento
que va germinando en mi pensamiento.

Añoro verte

Si Dios nos vuelve a cruzar
me volveré a enamorar;
creo ciegamente en ti
y te quise junto a mí.
 
Cuánto debo de quererte,
con afán añoro verte,
pero lo impide el destino:
tenemos otro camino.
 
Todo tiene su motivo,
por lo cual es positivo
que ya no estés justo aquí:
debe ser mejor así.
 
No me olvides, te lo ruego.
Fuiste más que un simple juego:
se fue la melancolía,
al ser tú mi poesía.

¿Cuál eres?

Cual peregrino sin rumbo fijo
corro sin saber cómo me rijo;
como el ciego que deja la sombra,
este torpe corazón te nombra.
 
Estás en la chica del pasillo,
en la que crea un falso castillo,
también en mi abandonada amiga
y en mi mente, la cual me castiga.
 
¿Eres la utopía del ayer?
¿El destello de un atardecer?
¿Tal vez eres mi esquiva vecina?
¿O quizá me esperas en la esquina?
 
¿Cuál eres? ¿Por qué empiezo a soñar
si mi libertad vas a apresar
con la luz que me guía a tu ser,
mas te encuentro y eres otra mujer?
 
Qué tan difícil me harás la búsqueda:
mientras más busco, menos me queda.
Jamás te he podido descifrar,
como agua te logras disipar.

Hoy, como tenaz explorador
reclamaré sin tregua tu amor,
para tener un poco de calma
y fundir en silencio nuestra alma.

Dolor

El dolor es como nuestra sombra:
siempre nos sigue, jamás se aleja;
en cada momento nos asombra
y como un yugo, su marca deja.
 
No importa dónde nos encontremos,
ni la nobleza de nuestro nombre;
solo reclama que le mostremos
la fragilidad que ampara el hombre.
 
Eso es nada más y nada menos
que nuestra esencia, nuestro interior;
y aunque ocultarlo a veces queremos,
siempre demuestra que es superior.
 
Desgarra sin piedad las entrañas
y atraviesa nuestro corazón,
nos muerde como hambrientas pirañas
hasta que perdemos la razón.

Recuerdo de lo absurdo

Tú, tu recuerdo encajas
cual feroz oleada
de punzantes navajas
que no es nada calmada.
 
Conciencia despiadada,
me inundas con neblina:
quita esta marejada,
se incrusta cual espina.
 
Mis manos y mis huellas
al fin se han fatigado;
el corazón y mente
no responden con nada.
 
La amnesia que me estrellas
hoy nos ha abandonado,
pues surge de repente
una fe desbordada.
 
Es inversión a plazo
lo que pasa este día:
se está formando el lazo
que nos hará utopía.

Momentos — Vidal Linares

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